El Diario Montañes/ Miércoles 4 de enero de 2006
CANTABRIA
Año nuevo, vida vieja
Entre diciembre y enero se hace balance, pero pocas personas cambian de hábitos
Año nuevo,
vida nueva. Probablemente no haya una máxima más tramposa que ésta. Es cierto,
acaba el año y casi todo el mundo hace balance: lo que fue bien, lo que salió
fatal, lo que quedó por hacer. Lo excelente, las decepciones. De cara al 1 de
enero son muchas las personas que formulan propósitos especiales -el gimnasio,
el inglés -, aunque la mayoría reconoce con el paso del tiempo que no los
cumplió o que, de lo previsto, la mitad.
Los días que llevan de diciembre a enero, el 'feliz año' se repite hasta la
saturación. Pero ¿qué expresamos? Para la mayoría es un deseo puramente
protocolario, más o menos cargado de buenos sentimientos, ya que el salto de
dígito anual, en realidad no supone alteraciones a ningún nivel. De hecho,
pasada la fiesta de Reyes, es raro que nadie recuerde que se ha abierto un ciclo
diferente. Porque la vida no suele variar ni un ápice: quien acaba el año
radiante, lo inicia en el mismo estado de ánimo. Y los que encaran desde la
desdicha la recta final del ejercicio, seguro que lo empiezan también con mal
pie.
Para la inmensa mayoría de los ciudadanos, pues, el momento de quitar el
calendario obsoleto de la pared de la cocina o de la mesa de trabajo es sólo
anécdota. Un instante para pensar 'otro que pasó volando' o 'un poco más viejo'.
O sea, que 'Año Nuevo, pero misma vida', muy al contrario de lo que refleja el
dicho. La familia sigue en su sitio, y lo normal es que el trabajo, los buenos
amigos y los achaques no vayan ni a mejor ni a peor.
Al hacer un repaso de los doce meses que se fueron, es fácil consensuar que
enero lo pasa uno en una nube, recuperándose de los excesos de diciembre.
Febrero es visto y no visto y, de pronto, la industria del turismo exige que se
prepare, cuanto antes, la Semana Santa. No bien salidos de estas fechas, el
tiempo vuela hasta los exámenes de junio, un mes que preludia las vacaciones de
verano. Los grandes proyectos quedan en suspenso.
La vuelta de septiembre es otro periodo para recolocarse el reloj interno. En
los tres meses que restan, se aborda esa actividad pendiente que quizá se
abandone con la cuesta de enero, se intentan sacar adelante las cuestiones que,
en la oficina, dio pereza atacar. Y de septiembre a Navidad, contra el reloj. El
31 de diciembre llega en un abrir y cerrar de ojos.
Aún así, es habitual oír a vecinos, colegas, conocidos, qué metas se plantean
para el 2 de enero. Dicen los expertos que ponérselas es recomendable en
cualquier momento de la existencia, no sólo en éste. Aurora Gil, decana del
colegio de psicólogos de Cantabria, corrobora que es «muy frecuente» que la
gente se plantee «adelgazar, aprender inglés, dejar de fumar... de todo», en una
fecha que se considera emblemática. «Son cuestiones que se consideran
pendientes, muy generales, y que al final no se formulan muy seriamente, por lo
que estos buenos propósitos se abandonan enseguida». Gil matiza que habla «desde
la experiencia, no porque haya estudios al respecto».
La situación vital sólo se le altera de verdad -añade- a quien sufre un
accidente de tráfico, a quien pierde la salud, a quien se separa de su pareja, a
quien se traslada de domicilio, a quien logra trabajo....
Estas adaptaciones exigen siempre esfuerzo personal y el apoyo de una red social
.«ya que no todo el mundo encaja igual lo que le toca afrontar. Depende mucho de
las circunstancias en que te pesque».
La psicóloga indica que, para plantearse variaciones importantes, es preciso
hacer balance de las vivencias anteriores. «Qué cuestiones están por resolver y
cuál es el objetivo a alcanzar. Hay que plantearse metas realistas, a corto
plazo, y sencillas. Se puede querer dedicar más tiempo a la familia pero esta
idea, formulada en general, quizá no se concrete nunca. Es mejor ir a lo
concreto y fijar días y actividades. Por ejemplo, comprometerse a dedicar la
mañana del sábado a los niños o una noche a la semana a salir con la pareja. Los
compromisos funcionan cuando se programan a corto plazo».
Importante mudanza
Una de las mudanzas más importantes que puede enfrentar un adulto es encontrar
otro destino laboral. Desde este punto de vista, una persona que en esta ocasión
sí responde al «Año nuevo, vida nueva» es el conocido periodista Javier
Rodríguez, recién nombrado director de Canal 8DM y Punto Radio DM, tras 20 años
de éxito ante los micrófonos de COPE Cantabria. Rodríguez se siente ahora mismo
un privilegiado, de los que cambia de vida «con el año, y para bien». Aunque
emprende una etapa profesional totalmente distinta a la anterior no considera
que le suponga «variar los hábitos, es decir, horarios, dedicación etc. Yo
siempre me he entregado a lo profesional con gran intensidad».
Pasar de ejercer como jefe de informativos a dirigir una emisora de radio y otra
de televisión lo ve como «un regalo». «Es la culminación de una carrera
profesional. Llego a una casa en la que se me respalda y en la que contaré con
un equipo joven de profesionales a los que trasmitiré mi experiencia de 31 años
en el periodismo». El cambio «es tremendo, como un doble salto mortal. Pero a la
vez tan ilusionante y un honor tan extraordinario que, a veces, no me lo creo».
VIOLETA SANTIAGO/SANTANDER