CANTABRIA
El Diario Montañés. Lunes, 5 de Junio de 2006
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«Todos tendemos a ver a la persona extranjera como a un inferior»
Anna Zlobina, experta en psicología de la inmigración, cuestionó en Santander los etnocentrismos, «el sentimiento de todas las culturas de ser superiores»
VIOLETA SANTIAGO/SANTANDER

Aurora Gil, del Colegio de Psicólogos, Anna Zlobina, y Ángela Caicedo, de 'Cantabria Acoge'. / R. RUIZ
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«Todos
pensamos que nuestros valores son 'los valores' y nuestras reglas, 'las reglas'.
Todos tendemos a ver al extranjero como a un inferior». Anna Zlobina, licenciada
en Psicología por la Universidad Estatal de Yaroslav (Rusia) y, actualmente,
colaboradora de la Escuela de Mediadores Socioculturaes de Madrid, estuvo en
Santander para ayudar a un grupo de psicólogos cántabros a superar el
etnocentrismo, «el sentimiento que tienen todas las culturas de que la suya está
por encima del resto. Las personas funcionamos en esto con un piloto automático,
y no nos damos cuenta de que vemos la realidad a través de unas gafas concretas
que valorizan lo propio y desvalorizan lo ajeno».
Zlobina -que recibió hace tres años el premio de investigación Universidad de
Comillas por un trabajo sobre el choque cultural y cuya tesis doctoral versó
sobre inmigración e identidad- cree que a los extranjeros les daña tanto el
rechazo de las sociedades que les acogen como el paternalismo. «Muchos ven que
se les trata como a 'pobrecitos' o como si fueran minusválidos, lo cual es
también muy hiriente».
Inmigrante y líder
A la experta le parece importante desmontar el mito que asocia «inmigración con
pobreza. Ésta es una de las realidades, pero ni mucho menos es la única. Es una
visión miserable de la gente que sale de un país esperando en otro una vida
mejor». Sin embargo, añade, es habitual que la población de un país «quiera ver
al que llega de fuera como a un inferior. Le es más cómodo, porque le va a dejar
sólo los peores trabajos y así lo justifica».
Esta situación es especialmente dañina para quienes en su país de origen tienen
una buena formación y una consideración social «que pierden, de forma inmediata,
cuando pasan a ser extranjeros». La situación se agrava, además, si se añade el
hecho objetivo de que las personas que emigran «suelen ser gente que, al menos,
tiene el plus del riesgo, de la valentía. El emigrante no suele ser una personas
débil o poco valiosa. Al contario, suele ser el líder, el más capacitado, el que
se considera que tiene más fortaleza para aguantar el reto que supone dejar
atrás su vida y su familia».
Las investigaciones realizadas por Zlobina desvelan que nunca el inmigrante
abandona su entorno «sólo por una motivación económica. Muchos aseguran que
buscan descubrir otras formas de vida, nuevos horizontes».